Instituto culinario de caracas

Bodega de Rioja Marques de Caceres

Ingeniero de telecomunicaciones, Carlos Gutiérrez comenzó su carrera en Maracaibo, su ciudad natal en Venezuela, pero pronto se dio cuenta de que su vida necesitaba un cambio. Tras trasladarse a la isla de Margarita, Carlos empezó a trabajar como cocinero para poder subsistir. Fue entonces cuando Carlos se enamoró del arte de la cocina, y pronto se matriculó en el Instituto Culinario de Caracas, una referencia en el mundo culinario que le llevó a trabajar con algunos de los mejores chefs del país.

El periplo de Carlos en las cocinas profesionales le llevó a Colombia, donde incorporó a su repertorio las tradiciones culinarias locales. Más tarde regresó a Maracaibo como chef ejecutivo del restaurante Pentos, que ofrece cocina venezolana contemporánea. Como dice el chef Carlos “La cocina venezolana es muy rica, ya que está influenciada por los sabores y tradiciones que trajeron los inmigrantes españoles, franceses, portugueses e italianos”.

Inquieto, vuelve a hacer las maletas, convirtiéndose en un Chef itinerante por los continentes. Su primera parada fue Turcas y Caicos, en el Caribe, trabajando en el Restaurante Infinity del hotel de 5 estrellas Grace Bay Club, así como de Chef Privado en los días de vacaciones. Esta experiencia amplió aún más los horizontes del Chef en cuanto a diferentes cocinas y técnicas de todo el mundo y, pronto, las islas se le quedaron pequeñas. Por ello, Carlos no dudó en aceptar la propuesta de un amigo para ir a Copenhague y trabajar en Amass, uno de los mejores restaurantes de la ciudad y donde Carlos Gutiérrez desarrolló su pasión por la comida sana. Más recientemente, el chef Carlos se trasladó a Madrid, para trabajar como chef privado y desarrollar su proyecto gastronómico personal para promover el uso de ingredientes de temporada y fomentar hábitos alimentarios sostenibles.

Entrevista a Luis Vicente León, Presidente de Datanálisis (1/3)

Por su función principal, la cocina puede -irónicamente- quedar relegada a un segundo plano si se considera desde un punto de vista no culinario. Se entiende que la cocina se limita a la transformación de los alimentos mediante diferentes técnicas, un asunto entre cocinero y fogón. El acto de comer representa, además de un proceso vital, un conjunto de valores simbólicos y tradiciones que ha despertado la curiosidad de estudiosos y teóricos durante siglos. No se trata sólo de lo que comemos, sino de cómo lo comemos.

Desde los primeros libros de cocina encontrados en la Antigua Grecia que se convirtieron en documentos históricos, hasta la consolidación de una literatura propiamente gastronómica que debemos a la Francia del siglo XIX, la gastronomía se ha desarrollado como un campo de estudio teórico y especializado, que permite a los gastrónomos actuar en un espectro cada vez más amplio. Gracias a la transversalidad que caracteriza el acto de comer, es posible plantear una propuesta como la mía, que remite a una relación de larga data: la ineludible relación de amor entre el arte y la cocina.

PAN DE CARACAS

El Chef Yves es un orgulloso graduado del Washburne Culinary & Hospitality Institute.    Tiene más de 10 años de experiencia en la industria de la hospitalidad y el servicio de alimentos, y ha trabajado en diversos lugares desde el Embassy Suites en Caracas, Venezuela como Gerente de Reservas a Gerente de Operaciones y más tarde Jefe de Cocina en la Posada La Cigala en el archipiélago de Los Roques en Venezuela.    Más tarde ocupó puestos en la hostelería en Madrid, España, y más recientemente aquí en Chicago ha trabajado con The Radler, Big Fork Brands, Aramark, Supreme Lobster, Cafe Ba-Ba-Reeba, Tiny Lounge y Wrigley BBQ. También apareció en la serie de PBS “Food On the Go”, tanto con Gigi’s Bake Shop como con Tamale Spaceship.

El chef Yves creció probando los diversos ingredientes y sabores de su querida Venezuela, incluyendo sus influencias caribeñas y europeas.    Encontró su vocación cuando empezó a trabajar en la industria de la hostelería, y cuando tuvo su primera experiencia en una cocina profesional, se enamoró de la satisfacción de producir una comida honesta para sus invitados.

INSTITUTO EDUCATIVO DE ALTA FORMACIÓN – HTEI

Me gradué en el grado asociado de artes culinarias del CIA en 2013 y me fui directamente a Nueva York para trabajar en Colicchio and Sons. Hice mis prácticas en el Craft Restaurant y el chef de cocina me pidió que me uniera a él en su local hermano en el distrito de la carne de Chelsea. Quería ampliar mi experiencia en la alta cocina y crecer lo más rápido posible. La vida en el restaurante era exigente, pero satisfactoria. Aprendí mucho de muchos chefs, pero sentía que quería algo diferente. Así fue como me interesé por la investigación y el desarrollo de productos. Es una rama de las artes culinarias que muchos pasan por alto. Empecé a solicitar puestos de trabajo y me di cuenta de que tenía que ampliar mi formación para entrar en el mundo de la investigación y el desarrollo. La licenciatura en ciencias culinarias de la CIA tenía exactamente lo que yo buscaba.

Sin duda, fue mi madre. Hablaba con ella a menudo sobre los retos y las recompensas de trabajar como cocinero de línea en la ciudad de Nueva York. Ella sabía que yo quería algo diferente para mí, pero que necesitaba trabajar con la comida, mi pasión. Al principio, investigué las carreras de ciencias de la alimentación, pero todas me parecían tan lejanas a la cocina que no eran para mí. Finalmente, me topé con el programa de Ciencias Culinarias de la CIA. Se lo comenté a mis padres y estuvieron de acuerdo en que era la opción perfecta.